Probablemente no haya vista más privilegiada que la del pájaro, desde un dominio poco habitual para nosotros, con la majestuosidad del silencio que se respira allá arriba. De las diversas fórmulas de vuelo que tenemos a nuestro alcance, un paseo en globo es una de las sensaciones más auténticas que podemos encontrar, una experiencia vital para toda la familia con un territorio único bajo los pies, lleno de vida, de pueblos y llanuras, montañas aún encaladas de nieve, campos de cultivo … una postal que no olvidaréis nunca. Y no os preocupéis si no sois muy amigos de la adrenalina ni las aventuras extremas. A diferencia de lo que puede parecer, volar en globo genera una paz insospechable. Con un desplazamiento suave y en vertical, la falta de balanceo de la cesta donde viajaréis hace que ni los más miedosos tengan vértigo ni sensaciones desagradables. Sólo bienestar y privilegio, naturaleza y libertad.

Empezamos la experiencia de volar en globo en la Cerdanya, una de las zonas por excelencia de los amantes de la montaña y las actividades al aire libre, y que en esta época todavía ofrece una postal única, con las cumbres nevadas y un color de primavera que gana terreno de los valles hacia las cumbres, de manera irrefrenable. Haremos un vuelo de una hora y 15 minutos, sobrevolando esta área montañosa y fronteriza, a primera hora del día que es cuando las corrientes térmicas favorecen una mejor experiencia. A nuestros pies, los Pirineos, la Sierra del Cadí y una panorámica única de la llanura de la Cerdanya, mientras nos movemos al ritmo del viento, pero sin notarlo. Pensad que viajar en globo es mucho más relajante de lo que puede parecer a simple vista porque el aparato se mueve a la misma velocidad y dirección que el viento. Ni siquiera lo notaréis en la cara ni os removerá el pelo porque el desplazamiento es suave y rítmico, es como si fuéramos dentro de una burbuja.

Vuestros guías os harán fotos durante todo el trayecto, y el vuelo se complementa con un brindis de cava y un desayuno con embutidos típicos de la Cerdanya tras el aterrizaje, junto al globo.

Un balcón a mil metros de las zonas rurales de la Catalunya central

Montserrat, otra zona de Cataluña que es excepcional para descubrir a vista de pájaro des de la cesta de un globo. La singularidad de esta cordillera la hace única desde cualquier punto de vista, y esta propuesta de vuelo de una hora y 15 minutos por el cielo del Bages os fascinará.

Imaginaros descubrir una perspectiva única de este majestuoso paisaje, mientras el globo se eleva suavemente en el amanecer, superando quizás alguna franja de nubes que os irá haciendo crecer la sensación de que estáis viviendo una experiencia excepcional. Os sorprenderán los primeros fogonazos del quemador, que harán que aquella enorme tela multicolor que tenéis encima vuestro se hinche y empiece a subir con una quietud que no sospecháis, sin movimientos bruscos ni sensaciones desagradables. Y en seguida, el macizo de Montserrat a vuestros pies, descubriendo grietas de roca que nunca habréis visto en ninguna otra imagen y sintiendo que formáis parte de ese paisaje fascinante del corazón de Cataluña, divisando también los Pirineos y toda la llanura de Osona. En este caso el vuelo también termina con la entrega de una foto para inmortalizar la experiencia y un brindis con cava y desayuno de la zona.

Una perspectiva nunca vista del macizo de Montserrat

Y acabamos con una propuesta de vuelo en globo en las tierras del Solsonés, la comarca de las mil masías, que conserva un paisaje natural genuino y poco poblado. La vista desde el globo os permitirá daros cuenta de la enorme extensión rural de bosques, ríos, campos de cultivo y parajes de alta montaña.

Des de mil metros de altura os fascinará la vista de Solsona, una de las ciudades con más riqueza y patrimonio histórico de Cataluña. De manera regular oiréis el inconfundible ruido de los quemadores, que ayudarán a dirigir el globo hacia las corrientes cálidas más adecuadas para seguir un viaje que no querréis que termine. El silencio y el relax que se vive allá arriba os permitirá ver des de una perspectiva única el vuelo de otros pájaros, e incluso ver algún animal salvaje que corre por tierra sin notar vuestra presencia. La calma es tan grande que se pueden llegar a oír ruidos y murmullos vitales de los pueblos que sobrevolamos. Y compartir experiencias con nuestros acompañantes os hará sentiros unos afortunados.

Al llegar a tierra, tras un suave aterrizaje, también culminaremos esta experiencia con un brindis y degustando algunos productos típicos del Solsonés. ¡Qué tengáis un buen vuelo!